Que el cliente
sea tuyo. No de Glovo.
Forno Vero es la web que enseñamos a bares y restaurantes cuando nos dicen que las plataformas de reparto se llevan casi un tercio de cada pedido.
Pedido directo por WhatsApp, carta con las nueve pizzas en realidad aumentada sobre tu propia mesa, tarjeta de sellos dentro de Google Wallet — y el panel donde el local lleva la cocina, los clientes, la caja y lo que se ha acabado. Todo desde el navegador, sin instalar nada.
¿Vienes a ver cómo se gestiona? Entra en el panel del local — el PIN es 1979.

Recorrido real por la demo
0 %
de comisión por pedido
9
pizzas en realidad aumentada
0
apps que instalar
14
alérgenos declarados
Lo que pasa hoy
Un restaurante lleno que no es dueño de sus clientes
Trabajas con las plataformas de reparto porque no hay alternativa a mano. El precio es doble: la comisión de cada pedido y, sobre todo, la relación — el cliente es de la app, no tuyo. El día que la plataforma suba el porcentaje o te ponga detrás de la competencia, no tienes a quién escribir.
Lo que cambia
Un canal propio con cosas que Glovo no tiene
Una web que no compite en precio con la plataforma, sino en cosas que la plataforma no puede ofrecer: ver la pizza a tamaño real antes de pedirla, hablar con el local por WhatsApp y una tarjeta de sellos que premia volver. El canal directo deja de ser el camino incómodo y pasa a ser el bueno.
Cuatro decisiones, no cuatro funciones
Cada una responde a algo que pasa de verdad en un local: una comisión, una duda al pedir, un cartón perdido, una pregunta sobre el gluten.
El pedido entra por WhatsApp
Sin intermediario y sin comisión
El botón abre una conversación con el móvil del local, con el mensaje escrito. Sin registro, sin pasarela y sin un tercero quedándose casi un tercio del ticket. El teléfono del cliente queda en la agenda del restaurante, no en la base de datos de una plataforma.
La carta se ve sobre tu mesa
Se acabó el «no sabía que era tan grande»
Cada pizza tiene un botón que la coloca a tamaño real donde vas a comértela, en 30 o en 40 cm. Responde la única duda que frena un pedido —cuánta pizza es— antes de que el cliente la escriba por WhatsApp.
La tarjeta de sellos vive en el móvil
No se moja, no se dobla, no se pierde
El cartón de toda la vida, pero dentro de Google Wallet, al lado de la tarjeta de embarque. Aparece sola en la pantalla de bloqueo al pasar cerca del local y siempre sabe cuántos sellos lleva.
Alérgenos plato a plato
Cumplimiento sin depender del camarero
Los 14 alérgenos del RD 126/2015 declarados en cada ficha, no en un PDF colgado del pie de página. El cliente celíaco no tiene que preguntar ni fiarse de nadie, y el local no tiene que acordarse.
¿La de 30 te llega,
o pides la de 40?
Es la única duda real que tiene alguien a punto de pedir, y ninguna carta la responde. Aquí se toca un botón, se apunta con la cámara y la pizza aparece sobre la mesa a tamaño real, en el sitio exacto donde va a estar dentro de veinte minutos.
- Las nueve pizzas de la carta, en 30 y en 40 cm
- Desde el navegador: sin app, sin registro, sin permisos raros
- Funciona en iPhone y en Android con lo que el móvil ya trae
- Cada modelo pesa menos que una foto de la carta

Y así se llega hasta ahí
La realidad aumentada no está escondida en una sección aparte: vive dentro de la carta, en la ficha de cada pizza, justo donde el cliente ya está mirando el precio.



La tarjeta de sellos
que no se pierde
La misma tarjeta de sellos de siempre, ahora al lado de la tarjeta de embarque y el abono transporte. No hay app que instalar ni contraseña que recordar, y el local sabe quién vuelve, cuánto gasta y cuándo vino.
Pasa por delante del local
La tarjeta aparece sola en la pantalla de bloqueo. Sin abrir nada y sin una notificación más que ignorar.
Se escanea en el mostrador
El cliente enseña su código. Dos segundos y sin tocar la caja registradora.
A los diez, pizza gratis
Y una razón para volver una undécima vez. Eso es lo que Glovo no te vende ni por el 30 %.
Sin carrito, sin registro
y sin pasarela
El botón abre WhatsApp con el mensaje ya escrito y el número del local. Nadie crea una cuenta para pedir una pizza, y el restaurante contesta desde el mismo móvil con el que atiende la barra. Es el canal que el cliente ya usa todos los días, no uno que hay que enseñarle.
Cuando el volumen lo pide, ese mismo canal se convierte en un agente que responde y toma la comanda solo — es lo que ya hacemos en Altamar.
Un toque
Del botón a la conversación
Cero fricción
Sin cuenta ni contraseña
Cero comisión
El ticket entero se queda
Y ahora el local
se ve por dentro.
Quitarle la comisión a la plataforma era la mitad del trabajo. La otra mitad es quedarse con lo que la plataforma nunca devuelve: el horno, la cartera de clientes, la caja y el histórico.
Eso es el panel, y ya está en línea. Cinco pantallas nombradas por lo que se hace en ellas y no por lo que son — en una cocina nadie busca «gestión de pedidos», se busca la cocina.
La cocina
Lo que hay que hacer ahora
Mensajes que son comandas
Clientes
Quién repite y sus sellos
Dinero
Lo que has hecho hoy
Carta
Qué hay y qué se ha acabado
5
pantallas, ningún manual
4
vías por las que entra una comanda
0
datos que salen del navegador
01 · La cocina
Lo primero que ves no es una lista.
Es qué hacer ahora.
A las once de la noche con ocho comandas en marcha, una lista ordenada por hora no sirve de nada: lo urgente está repartido entre cuatro estados distintos. Arriba del todo hay una banda que reúne lo que lleva más tiempo esperando, venga de la lista que venga, y se vacía sola en cuanto se resuelve.
Debajo está el horno. No cuántos pedidos hay, sino cuántas pizzas caben todavía y a qué hora hay el primer hueco de verdad — que es exactamente lo que hay que contestar cuando alguien pide seis para las once y media.

- Una banda de urgencias que cruza los cuatro estados: sin aceptar, en espera, en el horno y listas
- La capacidad real del horno en franjas de quince minutos, no una hora prometida a ojo
- Un botón de «me desbordo» que empuja todas las entregas 15, 30 o 60 minutos de golpe
- Aceptar, hornear y entregar se hacen desde la misma pantalla, sin abrir la comanda
- La urgencia la decide un solo módulo, en minutos de deuda, y la deuda solo crece. Sin eso, una comanda puede volverse urgente y dejar de serlo cada vez que se repinta la pantalla — y una pantalla que parpadea deja de mirarse.
02 · WhatsApp y mostrador
«Ponme lo de siempre para las 21:45»
Ese mensaje es un pedido, pero no está en ningún sistema: está en el móvil de alguien. El panel lee el plato y la hora dentro del texto y lo pasa a comanda con un botón, sin volver a teclear la carta y sin perder de vista quién lo escribió.
Y cuando el pedido entra por la puerta o por teléfono, la comanda de mostrador es una rejilla con las fotos de la carta: se toca el plato, se elige el tamaño y se busca a la persona en la cartera de clientes por nombre o por teléfono. Las cuatro vías —web, WhatsApp, mostrador y teléfono— acaban en la misma lista.


03 · Clientes
Nadie la rellena: la cartera se escribe sola
Nadie la rellena: cada pedido crea la ficha. Nombre, teléfono, cuántas veces ha venido, qué pide siempre y cuántos sellos le faltan para la pizza gratis. Los sellos de Wallet y las comandas son la misma persona, así que el círculo se cierra sin que nadie cruce dos listas a mano.
Es exactamente el dato que un agregador no te deja tener, porque es el dato que le da valor a él.

04 · Dinero
La comisión que hoy no has pagado, en euros
La pantalla de Dinero no empieza por lo que has facturado. Empieza por lo que un agregador se habría llevado de esa misma facturación — la cifra que aparece en la factura de la plataforma a final de mes, solo que aquí se queda en la caja.
Debajo, lo que hace falta para tomar decisiones esta semana: a qué hora se pide de verdad, que es lo que dice a qué hora hace falta gente, y por dónde entran los pedidos. Si WhatsApp mueve más que la web, contestar mensajes deja de ser una molestia y pasa a ser trabajo rentable.

05 · Carta
Se acaba la burrata y desaparece de la web.
En ese mismo momento.
Es lo que más veces estropea un pedido y lo que ningún PDF puede resolver: el cliente pide algo que ya no hay, alguien tiene que llamarle, y una comanda se convierte en una disculpa.
Aquí es un interruptor. Se apaga el plato en la pantalla de Carta y deja de poder pedirse en la web al instante — lo apaga quien esté en barra, desde el móvil y con una mano, sin tocar código y sin llamar a nadie. Y no se queda apagado para siempre: vuelve solo mañana, con el servicio nuevo, que es la parte que en la práctica se olvida siempre.

06 · Entrar
Se entra con cuatro cifras
Quien va a usar esto no hace onboarding: lo abre a las nueve y media con el local lleno y una mano ocupada. Se entra con un PIN de cuatro cifras en un teclado grande, escrito en la propia pantalla porque esto es una demo. En un local con clientes reales cada persona entra con su cuenta y queda registrado quién cancela una comanda o quién ajusta qué.
Nada de lo que hagas ahí dentro sale de tu navegador: la demo se genera sola al abrirla y vive solo en tu móvil. Puedes aceptar comandas, apagar platos y cobrar sin afectar a nadie. En un local real esto va contra su propio WhatsApp Business y su propia base de datos.

Stack Tecnológico
La realidad aumentada no lleva ni una línea de Three.js: la resuelve el propio móvil con lo que ya trae de fábrica. Y el panel de la demo no tiene base de datos a propósito — vive en el navegador de quien lo abre, para que un prospecto pueda entrar desde Instagram y tocarlo sin que nadie le configure nada.
Next.js 16
App Router
React 19
Server Components
model-viewer
AR nativo
Google Wallet
Pases digitales
Zustand 5
Estado del panel
localStorage
Sin backend
Tailwind CSS 4
Sistema propio
TypeScript
Type-safe
La Transformación
Lo que cambia el día que el local tiene canal propio.
ANTES — En manos de la plataforma
- Entre un 25 % y un 35 % de cada pedido se va en comisiones
- El cliente es de la plataforma: ni su teléfono ni su historial son tuyos
- La carta es un PDF que hay que ampliar con dos dedos
- Nadie sabe si la de 30 le llega, y se pide a ciegas
- El cartón de sellos se moja, se dobla o se queda en el otro pantalón
- Se acaba un plato y el cliente se entera pidiéndolo
- Al cerrar, nadie sabe qué se vendió ni a qué hora hizo falta gente
AHORA — Canal propio
- El pedido llega por WhatsApp al móvil del local, sin comisión
- El contacto del cliente se queda en la agenda del restaurante
- Carta viva, legible en el móvil y con alérgenos plato a plato
- La pizza se ve a tamaño real sobre la mesa antes de pedirla
- La tarjeta de sellos vive en Google Wallet y avisa ella sola
- Se apaga el plato agotado y desaparece de la web en ese momento
- El panel dice qué se vendió, quién repite y qué comisión no has pagado
Aviso honesto
Forno Vero no existe. Es una demo pública que construimos entera —marca, fotografía, carta, modelos 3D, pase de Wallet y panel— para poder enseñar cómo funciona esto en un móvil de verdad, en lugar de describirlo en una reunión. Todo lo que se ve en esta página está en línea y se puede tocar ahora mismo, panel incluido.
Las cifras que aparecen dentro del panel —lo facturado, las comandas del día, los sellos de cada cliente— son datos de demostración que se generan solos al abrirlo. Sirven para que la pantalla se entienda llena, que es como se ve un viernes; no son los resultados de nadie y no los presentamos como tales. El pase de Google Wallet va en modo de pruebas, así que lo verás con esa etiqueta.
¿Tu local también paga comisión por cada pedido?
Ábrela en tu móvil
antes de decidir nada.
Tarda menos que leer un presupuesto. Pon una pizza sobre tu mesa, guarda la tarjeta de sellos, entra en el panel con el PIN 1979 y apaga un plato para ver cómo desaparece de la carta. Luego escríbenos si quieres la tuya, con tu carta y tu marca.